La Primera Guerra Mundial

La Primera Guerra Mundial

viernes, 26 de diciembre de 2014

Feliz Navidad


El 24 de noviembre de 2005 se estrenó en Alemania la película de Christian Carion titulada en España Feliz Navidad (Joyeux Noël), y narra un acontecimiento histórico que aún parece de ciencia ficción, la Tregua de Navidad de 1914, de la que ahora se cumplen 100 años.

Christian Carion

La cinta, de 115 minutos de duración, es una coproducción entre Francia, Alemania, Bélgica y Rumanía, y tiene como guionista al mismo Christian Carion. La música corre a cargo de Phillippe Rombi.

Phillippe Rombi

La tregua de la que hablamos fue un hecho ocurrido a lo largo de varios puntos del frente occidental y en el que participaron tropas alemanas, escocesas, francesas e inglesas. La fecha, diciembre de 1914 entre los días 24 y 25 (parece que en algunos sitios duró más). Las circunstancias que rodean a lo que pasó no es algo que se conozca al cien por cien. Si la información sobre muchos hechos ocurridos en la Primera Guerra Mundial sigue teniendo sus lagunas en el caso de esta tregua aún más.

Guillermo II

En aquellos días, los soldados que escribían desde el frente a sus familias y a sus amigos empleaban el correo militar para hacer llegar sus cartas a sus seres queridos. La guerra no es algo que se resuelva en cinco minutos, y muchos de esos soldados, ya se habían dado cuenta que no iban a estar de vuelta en sus casas para Navidad, y se desahogaban en las cartas que enviaban a su familia y amigos. Pero había gente encargada de leer esas misivas antes de que llegaran a su destino: poco importaba la privacidad de los soldados, lo que se buscaba es que no se desmoralizara la población para que ésta siguiera apoyando ciegamente una guerra que no estaba siendo como se la habían pintado.


Al mismo tiempo, con la idea de levantar la moral a sus soldados durante las fiestas navideñas, Guillermo II hizo enviar a las tropas que estaban en el frente mayores raciones de alimentos y un montón de árboles de Navidad. Los alemanes se dejaron llevar por el espíritu navideño y pusieron los árboles en la parte alta de las trincheras la noche del 24 de diciembre. Parece que se pusieron a cantar temas tradicionales de la época. Al principio empiezan con timidez, luego se animan los del otro bando; al final las tropas de ambos lados salen a reunirse en tierra de nadie y los oficiales acuerdan una tregua, que se aprovecha para dar sepultura a los difuntos y, de paso, para confraternizar: unos hicieron de peluqueros, otros intercambiaron chocolate, se jugó al fútbol (cómo no)...


En algún momento, los altos mandos se enteraron de lo que estaba ocurriendo y dieron orden de atajar el problema a la mayor brevedad posible. Y claro, cuando los censores de la correspondencia leyeron los testimonios de aquel hecho, hicieron lo posible porque esas cartas no llegaran a destino; no podía contagiarse a la población con el espíritu de aquel acto insensato. Pero no se pudo evitar que algo se supiera, porque algo llegó a oídos de las familias de los soldados y de la tan temida prensa. En la película, un grupo de soldados sospechan esa censura, y le piden a la cantante que haga llegar la correspondencia por un procedimiento más seguro.


Y aquí es donde interviene la imaginación del director. Con un elenco encabezado por Daniel Brühl en el papel del oficial alemán Horstmayer, Guillaume Canet en el papel del teniente francés Audebert, Diane Kruger como la cantante danesa Anna Sörensen, Benno Fürmann como el cantante alemán Nikolaus Sprink y Gary Lewis como el sacerdote escocés Palmer, Christian Carion se las arregla para recrear las lagunas ocasionadas por el silencio oficial, con una historia que entrelaza las vidas de personas de diferente procedencia y que, por un motivo u otro, se ven empujadas a vivir una situación que ellos mismos, quizás, no perciban como un momento histórico, y que a los espectadores ya no nos permitirá ver la guerra igual que antes.

Daniel Brühl como Horstmayer

Cierto es que en algunos momentos Feliz Navidad puede parecer algo empalagosa e irreal. ¿Pero acaso no lo sería una circunstancia en la que los soldados dejan de matarse para estrecharse la mano?

Guillaume Canet como Audebert

Feliz Navidad tuvo muchos reconocimientos. El año de su estreno, 2005, fue nominada al Oscar, al Globo de Oro y a los premios BAFTA en la categoría de mejor película de habla no inglesa, y acaparó seis nominaciones a los premios Cesar, incluyendo mejor vestuario, película y guión.

Diane Kruger como Anna Sörensen
Benno Fürmann como Nikolaus Sprink

Se sabe que se tomaron medidas disciplinarias que no se airearon mucho precisamente para que no se supiera lo que había ocurrido. A unos se les envió a frentes más violentos, a otros se les negaron permisos. En la película (aquí no me gusta decir ficción), después de aquello, el teniente francés es enviado a Verdún, los cantantes son hechos prisioneros, el cura escocés tiene que regresar a su parroquia y es sustituido por otro que dice homilías incendiarias en contra del enemigo, y el oficial alemán (que es judío) lo mandan al frente oriental (aunque seguro que todos ya estamos pensando en que no llegará a la siguiente guerra mundial).

Gary Lewis como Palmer

Feliz Navidad, es todo un alegato a favor de la paz que, por ser tan irreal, muchos prefieren tildarlo de banal, cursi, vacuo… Pero ocurrió de verdad.


sábado, 20 de diciembre de 2014

El cañón del 75 francés

Durante la primera etapa de la Primera Guerra Mundial, la llamada guerra de movimientos, la artillería móvil acompañó a los cuerpos de infantería. De todas las armas empleadas en combate, fueron un pilar importante los cañones de campaña, trasladados por caballerías.

Cañón de 75 mm modelo 1897 visto de frente

Cañón de 75 mm modelo 1897 visto desde otro ángulo


El comandante Joseph Albert Deport, el capitán Etienne Sainte-Claire Deville y el artillero Émile Rimailho, lanzaron al mercado de las armas en 1897, una de las armas más conocidas y codiciadas por diferentes ejércitos: el cañón de 75 mm francés, cuyo nombre completo es cañón de 75 mm modelo 1897, por su calibre (75 mm de diámetro que tiene el cañón en su interior) y por el año de su lanzamiento, 1897.

Comandante Joseph Albert Deport

Capitán Etienne Sainte-Claire Deville

También conocido como el “75 francés” (también hubo otras armas con ese calibre en otros ejércitos), es el arma más importante de la artillería francesa entre 1914 y 1918. Hasta entonces, las cureñas (armazón con ruedas donde se montaban los cañones) eran rígidas, lo que hacía que al dispararse el arma toda ella fuera hacia atrás. Como consecuencia, la frecuencia de los disparos era pequeña porque, entre disparo y disparo, había que colocar otra vez el cañón en su sitio porque se movía de su sitio después de cada tiro, y porque el retroceso y posterior avance del cañón retrasaba el momento de cargar el arma.

Principales partes del "75" francés: 1) cuna para apuntar, 2) escudo, 3) cuerpo de freno, 4) arandela de la boca del cañón, 5) pala, 6) tirante, 7) patín

La clave del nuevo cañón radica en un freno hidroneumático sobre rodillos que funciona con aceite y aire comprimido, y capta toda la fuerza de retroceso del disparo, haciendo regresar el tubo del arma de manera automática a su posición inicial sin que haya tenido que moverse la cureña del cañón. Posteriormente, el tipo de freno hidroneumático pensado para el “75” se puso también en otros prototipos.

Soldados de artillería francesa con un cañón de 75 mm en 1914
Cañón 75 mm con su dotación y caja de municiones

Pero el cañón del “75” tenía también otros aspectos curiosos. En un extremo de la cureña había una cuchilla de arado, que servía para fijar la cureña al suelo y, de esa forma, frenar el movimiento producido al disparar.

El "75" en la Batalla de las Fronteras

Frente a las armas antiguas, que debían ajustar nuevamente hacia dónde disparar después de haberlas usado, con el cañón de 75 mm, su dotación, formada por un oficial y seis soldados, no pierden tiempo situándolo nuevamente en el punto adecuado para apuntar al objetivo. Esto supone ahorro de tiempo y mayor precisión a la hora de apuntar al objetivo, con lo cual se puede aumentar la frecuencia de disparos, que llega a una media de 13 por minuto (frente a los dos o tres por minutos que había antes). Ahora, el artillero encargado de volver a cargar el cañón no tenía más que esperar a que volviera a su sitio después del disparo.

El "75" en la Batalla del Marne

El cañón de 75 mm tiene un peso de 1.544 kg y el cañón es de 2,69 m, con una elevación que oscila entre -11º a +18º. La munición empleada es variada, y lo mismo se emplean obuses tóxicos que incendiarios, o perforadores, por poner varios ejemplos. Los proyectiles tienen un tamaño de 75 x 350 mm. En la boca del cañón la velocidad del proyectil es de 500 m/s, y tiene un alcance máximo que oscila entre 7.500 y 8.550 m. Solo la artillería pesada supera su potencia de fuego.

El "75" mm en una plataforma giratoria en el frente de Salónica
El "75" preparado para la lucha antiaérea, con movilidad propia
El "75" en el frente del Somme

Fue muy utilizado a lo largo de la guerra de movimientos, aunque no tan útil en la de trincheras. Solo en 1914 se fabricaron más de 3.840 modelos del “75”, siendo sus principales usuarios los regimientos de artillería de campaña, prestando también servicio en la protección de las costas. Se hicieron diferentes variantes del “75” dependiendo de si era anticarro, de campaña, para la defensa antiaérea o para montaña.

Parte de atrás del "75"

Parte de atrás del "75"

De nada sirvieron los esfuerzos franceses por mantener el arma en secreto, y no tardaron otros países beligerantes en el conflicto de 1914-1918 en tener su propia versión. Llegaron a fabricarse unos 30.000 modelos del cañón y se utilizó en Alemania, Bélgica, España, Estados Unidos, Finlandia, Grecia, Polonia, Portugal, Reino Unido, Rumanía, Serbia… Destacó en la primera batalla del Marne (1914), Verdún (1916) y Somme (1916).

Batería de honor de la artillería francesa

El cañón de 75 mm francés se fabricó entre 1897 y 1940. Empezó a utilizarse en la lucha en territorio colonial francés y continuó con la guerra de los bóxers. Llegó a ser empleado en las primeras etapas de la Segunda Guerra Mundial y también en la Guerra Civil Española. Actualmente en Francia se utiliza en las ceremonias oficiales para disparar salvas.


Fue tal la fé que se tenía en esta revolucionaria arma que inmediatamente se fabricaron en Francia varias unidades de la misma, y en agosto de 1914, ya se disponían de 4.044 cañones de 75 mm. Qué pena que se dieran tanta prisa en fabricar armas y no en parar la guerra.