La Primera Guerra Mundial

La Primera Guerra Mundial

martes, 23 de abril de 2019

La batalla de Lieja

La batalla de Lieja es considerada como aquella que marca el inicio de la Primera Guerra Mundial. Las hostilidades son iniciadas por tropas alemanas el 2 de agosto de 1914 y duran 14 días. Supuso la invasión de Bélgica, que claudicó a manos de los invasores alemanes.

Titulares del periódico Le Soir, de Bruselas, del 4 de agosto de 1914, mencionando el ataque alemán en Bélgica

Como Alemania tenía miedo de que se llegara a la posibilidad de un conflicto simultáneo con Francia y Rusia, se ideó el Plan Schlieffen, lo que hacía necesario un inmediato éxito sobre el ejército francés para que estuviera tranquilo el frente occidental. Pero hubo algo en lo que los alemanes no habían pensado. Sabían del compromiso británico de garantizar la neutralidad del territorio belga, pero no contaron con que ese compromiso se hiciera efectivo, y Gran Bretaña declaró la guerra al Imperio Alemán el día 4 de agosto de 1914, justo después del comienzo de la invasión.

Antigua postal donde se aprecia la estación de Guillemins (Lieja, Bélgica) en 1905

Al igual que ocurrió con la intervención británica, otro asunto que los alemanes tampoco tuvieron en cuenta fue que la población belga pusiera resistencia, pensaron que les dejarían pasar sin más, pero no fue así, y tanto la población como su ejército plantearon una heroica lucha.

Lieja y su anillo de fortificaciones. Dibujo de autor desconocido

El primer paso era atravesar Bélgica para poder esquivar los obstáculos situados al oriente del territorio francés. Pero llevar a cabo ese plan no iba a ser tan fácil: Bélgica era neutral y tenía su fortificación de Lieja en la ruta marcada por el Plan Schlieffen: el ala derecha alemán debía atravesar Bélgica, pillando desprevenidos a los franceses, que debían ver amenazada la ciudad de París. Después, se cortarían las vías de suministro del ejército galo, conminándoles a rendirse, de forma que luego se enviarían tropas al frente del este para luchar contra los rusos.

Alberto I de los Belgas
Antonin de Selliers de Moranville

La ciudad fortificada de Lieja, que se encuentra a casi 100 km de Bruselas, está enclavada en la cuenca del río Mosa, más estrecha en la zona de Lieja, lo que hace más difícil pasar por ahí. Asimismo, la ciudad tiene gran cantidad de vías de comunicación con Francia y Alemania, y en particular con Bruselas: son carreteras y transporte por ferrocarril, los alemanes tenían pensando usar esas vías para llegar hasta Francia. Por otra parte, a 6-10 km rodeando la ciudad, había doce fortalezas. Se construyeron entre 1888 y 1892. Pero, como si fuera una de esas extrañas burlas de la vida, su sistema de defensa estaba inspirado en técnicas alemanas. ¿Cómo se iba a proceder a la defensa, si los alemanes ya sabían cómo era el sitio donde se metían, y la clase de armamento del que disponían?

Asedio de Lieja. Dibujo de autor desconocido

Para hablar del tema de las tropas, vamos a empezar por las belgas. El ejército belga sólo tenía 6 divisiones, eso eran 120.000 soldados, pero los tenían dispersos por todo el país. No era una decisión aleatoria, sino que buscaba defender los diferentes lugares por donde podrían entrar tropas extranjeras. Otro problema que tenía el ejército belga era su falta de medios, no tenía suficientes transportes y no tenían suficiente práctica en la lucha ni en construir medios defensivos. Al frente de la fortificación de Lieja se situó al general Gerard Mathieu Joseph Georges Leman, quien se encargó en su momento de la educación militar del rey de Bélgica. Entre las tropas situadas en la fortaleza y las tropas preparadas para luchar en campo abierto, Leman tenía a su cargo 49.500 soldados. Entre las armas había 72 cañones y otras más de 300 piezas de artillería.

Fotografía del general belga Gérard Leman, publicada en Le Pays de France, el 26 de julio de 1919
Otto von Emmich

Acechando Bélgica nos encontramos 1.500.000 que integraban tres ejércitos, a cuyo mando estaban Von Kluck, Von Bülow y Von Hausen. Al frente de las tropas alemanas destinadas al asedio estaba el general Otto von Emmich, con unos 55.000 hombres, el “Ejército del Mosa”. Estos estaban mejor equipados y organizados. Estos incluían 15.000 soldados de caballería y 80 cañones pero, además disponían de más caballería y artillería pertenecientes a otros cuerpos del Ejército, disponían de aviones de reconocimiento.

Erich Ludendorff. Fotografía de Alexander Binder

El rey Alberto se puso al mando de sus tropas el día 3 de agosto. En ese momento, tenía pensado reunir todas las tropas tras el Mosa (a fin de cuentas, el río era una defensa natural que dificultaba  la marcha de las tropas enemigas) situándose entre las fortificaciones de Lieja y Namur. Pero el general Selliers de Moranville, jefe del estado mayor, no reaccionó ante la necesidad de tomar estas medidas. Selliers tenía pensado poner las tropas belgas de forma que se haría frente a las tropas alemanas, de manera que las fortalezas se defenderían solas. Sin embargo, no había tiempo para este plan, y prevalece el plan inicial de reforzar las fortalezas de Lieja y Namur.

Puente Leopoldo, de la ciudad de Lieja, destruido

Alemania declara la guerra a Bélgica el 4 de agosto de 1914, y horas más tarde las tropas germanas, con Von Emmich al mando, cruzan las líneas fronterizas.  Cuando llegan al Mosa encuentran que los puentes para ir al otro lado de la corriente estaban destrozados, lo que retrasaba su avance. Consiguen cruzar el río el día 5 empleando pontones, al tiempo que se convierten en blanco de los tiradores belgas. Los mandos alemanes pensaban que no sería necesario conquistar las fortalezas que rodeaban la ciudad, tampoco pensaban que las tropas belgas les harían frente. Pero Von Emmich y sus tropas tuvieron que circundar la población, y el día 7 Ludendorff (parece que en un principio fue como observador) conquista la ciudad, no así los fuertes. Por otra parte, Joffre, comandante en jefe del ejército francés, recibía informes en los que se hablaba de la presencia de casi un millón de soldados enemigos, pero no les dio crédito.

Tropas alemanas en la Plaza de Saint Lambert, en Lieja, 1914

En Alemania estaban celebrando la toma de Lieja, pero eso era adelantarse a los acontecimientos, porque las fortalezas seguían bajo mando belga. Los alemanes intentaron convencer a las autoridades belgas de que les dejaran pasar en dirección a Francia y, al mismo tiempo, fueron llevando al lugar armamento importante, dado que lo que tenían en ese momento no era suficiente para desalojar a los belgas de las fortalezas.

Soldados alemanes esperando el ataque belga. Lieja, 1914
Soldados de infantería tomando parte en la defensa de Lieja, en los suburbios de Herstal. Imagen publicada en Le Miroir, en agosto de 1914

No hizo falta que llegaran los armamentos de Krupp y Skoda. El 9 de agosto se tomó el fuerte de Barchon, aunque a partir del día 12, la presencia de un cañón de 420 mm, facilita tomar en dos días las fortalezas de Chaudfontaine, Embourg, Flerón, Liers y Pontisse. Hizo falta un obús que impactó en el fuerte de Loncin, donde estaba el general Leman, para que este se rindiera el 16 de agosto. Por fin el ejército alemán se apoderó de Lieja y todo su entorno. Con ello Alemania se abría camino para llegar hasta Francia.

Fuerte de Loncin después de la batalla

Lieja fue condecorada con la Legión de Honor en 1914.

Fuentes
Thomas E. Griess. The Great War, Avery Publishing, 1986.The campaign around Liège. London Hodder and Stoughton. 1914.
John Keegan. The First World War. Vintage Books, 2000.
John McFarland Kennedy.
Hew Strachan. La Primera Guerra Mundial. Crítica. 2004.

sábado, 30 de diciembre de 2017

Alfonso XIII y la Oficina Pro-Cautivos

El 28 de julio de 1914, el Imperio Austro-Húngaro declara la guerra a Serbia desatando con ello el conflicto bélico que llegaría hasta 1918. Pero España no se metió. Había dos motivos importante: el primero era uno que podemos entender muy bien, el país vivía unas circunstancias, principalmente económicas, deplorables. El segundo, eran la coincidencia de intereses opuestos dentro de la familia del rey de España, Alfonso XIII: su esposa, la reina Victoria Eugenia, apoyaba sin disimulo el bando aliado; su madre, la reina María Cristina era una Habsburgo, sobrina de Francisco José y, por tanto, apoyaba al bando contrario.

Alfonso XIII (Kaulak, 1916)

En otoño de 1914, llega una carta a Palacio dirigida al rey. Se trata de una lavandière de Bayona. Dejó de saber de su marido al término de la batalla de Charleroi (Bélgica), y le pedía ayuda para encontrarlo. Las gestiones realizadas a través de las delegaciones diplomáticas en Francia y Alemania tuvieron como resultado dar con el hombre y saber que se encontraba bien en un campo de prisioneros alemán. El hombre no tenía permitido poner unas líneas sobre papel para comunicar a su familia que estaba vivo. Esta historia llegó a oídos de la prensa, y empezaron a llegar cartas y caras procedentes de Francia con destino Madrid, y más tarde de otros países afectados por la guerra.

En la foto de arriba, Alfonso XIII en su despacho. En la foto de abajo, en el centro, su secretario, Emilio María de Torres

Esta situación hizo que el rey decidiera abrir una oficina ocupada en gestiones encaminadas a velar por el paradero y el bienestar de los prisioneros de guerra, tanto civiles como militares: era 1915, y se había fundado la Oficina Pro-Cautivos. De esta manera, miles de personas ajenas a un país neutral, encuentran respuesta a su desesperación y la ayuda que no reciben de su propio gobierno. Las familias de los desaparecidos se encuentran en un punto en que no pueden dirigirse al país enemigo donde se encuentran sus seres queridos pero, al mismo tiempo, se encuentran abandonados por sus propios gobernantes, más preocupados en la guerra que en la gente que muere en ella. España fue neutral, pero no indiferente al sufrimiento de millones de personas.

El monarca se preocupó porque esta Oficina se viera siempre como una institución neutral, y lo mismo que el origen de las reinas españolas era motivo de fricción en el interior de su familia, ese mismo origen favorece a la hora de dirigir las peticiones de ayuda a países enemigos entre sí. La idea evoluciona  termina siendo un complejo burocrático destinado a atender todas las peticiones relacionadas con la guerra europea: regreso a casa de heridos, búsqueda de desaparecidos, correspondencia entre prisioneros y familiares, gestión de indultos... Se generaron miles de documentos, en su mayoría solicitudes de búsqueda de prisioneros para lo cual sólo se emplearon tres máquinas de escribir.

Un grupo de prisioneros de guerra británicos, luego de que los alemanes retomaran la ciudad de Bapaume, Francia, en 1918

Las oficinas de esta institución se situaron en los altos del Palacio Real. Empezó con cinco empleados y superó las 50 personas. Se dirigió mediante la Secretaría Particular del rey, con Emilio María de Torres al frente, y se apremió al Cuerpo Diplomático español sito en los países en conflicto. Según el historiador Juan Pando, "de todo el hacer de Alfonso XIII en esta acción ejemplar humanitaria sorprenden varias cosas, tal vez la más imperativa y más inmediata es su capacidad de decisión que muestra con poco más de 29 años. A finales de agosto de 1914, cuando el embajador de España en París sabe que las tropas alemanas están a pocos kilómetros de la ciudad, un telegrama llega al Ministerio de Estado que comunica que tiene plaza reservada en el tren presidencial pero Alfonso XIII le manda un telegrama que dice lo siguiente 'Ordeno que te quedes en París, pase lo que pase'."

También hizo que oficiales del Ejército Español visitaran los campos de prisioneros para vigilar las condiciones de vida de esos infortunados, condiciones que, generalmente, eran deplorables. Se trajeron de vuelta a casa los soldados con malas condiciones de salud, ya sea por enfermedad o por herida de arma. Y el más difícil todavía: se consiguieron conmutaciones de penas de muerte. No hubo distinción acerca del origen de las personas beneficiadas, eran de cualquier país de donde viniera la petición de ayuda. La mayor parte de las cartas que llegan a Palacio van dirigidas al rey Alfonso, pero también a la consorte Victoria Eugenia y a la reina madre María Cristina.

En la foto de la izquierda, la reina consorte Victoria Eugenia (1913). En la foto de la derecha, la reina madre, María Cristina

Una vez instalados en Palacio, los empleados de esta Oficina organizaron su trabajo. Ordenaron las solicitudes según su contenido y el estado en que se encontraban; según el color de la cinta que se les ponía, tal era cómo andaba la tramitación: blanco, rojo y negro, desgraciadamente, el 80% de las cintas. La Oficina funcionó entre junio de 1915 y febrero de 1921. El rey Alfonso gastó un millón de pesetas de su bolsillo, equivalente a 600.000 euros de hoy. Según Carlos Seco Serrano, Aristide Briand, presidente del gobierno de Francia, solicitó ayuda para la repatriación de 20.000 compatriotas a los que la guerra les sorprendió en Alemania, y Alfonso XIII lo consiguió una vez más.

Aristide Briand

Por extraño que parezca, el trabajo realizado por la Oficina Pro-Cautivos es un hecho muy poco conocido en España. Muchos son los que saben, como algo anecdótico del recate del algún famoso y dicha liberación se atribuye al supuesto carácter frívolo del rey Alfonso, pero no es así. En otros países europeos se conoce perfectamente esta labor, hasta el punto que fue propuesto para el Premio Nobel de la Paz de 1917, y también durante su exilio. Ahora, por si alguien tiene curiosidad, mencionaremos a algunas de las celebridades que volvieron a la libertad gracias a la Oficina: el rey Alfonso se encargó personalmente de interceder por el chansonnier Maurice Chevalier, que estuvo prisionero dos años; el bailarín ruso Vaslav Nijinsky, retenido en Hungría, pudo huir a Estados Unidos gracias a la intervención del rey; Arthur Rubinstein, pianista que trabajó con Nijinsky, obtuvo de Alfonso XIII un pasaporte español. El historiador belga Henri Pirenne fue otro de los liberados gracias a la intervención del monarca.

A la izquierda, Maurice Chevalier. A la derecha, Vaslav Nijinsky

Arthur Rubinstein

Henri Pirenne

Pero no todo fueron éxitos. También hubo fracasos, y muy amargos. El hijo de Rudyard Kipling, John, desaparecido en combate, no fue hallado hasta 1922, y ya había fallecido. Tampoco se pudo hacer nada por Edith Cavell, enfermera británica acusada de espionaje por los alemanes. Pero si hubo algo que de verdad dolió al rey, fue no haber podido hacer nada por la familia imperial rusa. Cuando el gobierno provisional posterior a la revolución rusa envió a su nuevo cuerpo diplomático al extranjero, el rey Alfonso aprovechó la presentación de credenciales del embajador Nekliudov para interceder por la familia del zar. Ya se sabía que éste había muerto, pero no se sabía nada del resto de la familia. Las otras familias reales europeas -incluyendo las que mantenían lazos de sangre con los Romanov- miraron hacia otro lado, mientras que el rey español hizo todo lo que estaba en su mano, aunque en ese momento no sabía que era algo completamente inútil, dado que la familia de Nicolás II ya no vivía.

A la izquierda, John Kipling (1897-1915). Edith Cavell

Los Romanov

Otra cosa que tampoco se conoce bien de esta época, es que España se ocupó de las legaciones de varios de los países en guerra. Representó a los países aliados en territorio de los Imperios Centrales, y a la inversa, representó los intereses de los Imperios Centrales en Francia e Inglaterra, por ejemplo. Esta circunstancia, de alguna manera, benefició a las gestiones de la Oficina Pro-Cautivos, aunque no evitó que bajara el número de rehenes catalogados, 64.000. También durante la guerra, España combatió duramente la guerra submarina, desencadenada por el Imperio Alemán y que hundió dos embarcaciones británicas con ayuda médica. Pero no la combatió con armas, sino que el rey español ofreció personal para inspeccionar los barcos en partida y en destino para asegurarse de que esos barcos no iban armados.

Una Oficina-Pro Cautivos

Carta firmada por Emilio María de Torres en la que se informa de la repatriación o del internamiento en Suiza de un prisionero localizado

Por fin llega noviembre de 1918 y, con ello, el fin de la guerra. Había cuatro millones de prisioneros y se consiguió que volvieran a casa más de  10.000. Poco a poco, la tarea de la Oficina Pro-Cautivos fue quedando atrás hasta quedar en el olvido... Pero en 1931 se proclama la II República en España, y el rey parte hacia el exilio. Cuando el ya ex-rey llega al puerto de Marsella, encuentra una multitud que le recibe como a un héroe pues ellos sí que no habían olvidado su labor a favor de la liberación de miles de conciudadanos. Y cuando el don Alfonso llega al Reino Unido, se desató el agradecimiento. Gratitud por una hermosa labor que jamás debió olvidarse.

Alfonso XIII en Calais, abril de 1931

martes, 13 de junio de 2017

La Fuerza Expedicionaria Británica

Se conocía como Fuerza Expedicionaria Británica (BEF, British Expeditionary Force) a las tropas británicas enviadas al continente europeo para luchar en Bélgica tras empezar la Primera Guerra Mundial. Tras quedar prácticamente exterminadas estas primeras tropas, la denominación que les correspondía se atribuyó a las tropas procedentes del Reino Unido estacionadas en Bélgica y Francia durante el resto de la contienda, denominación que se extendió a los ejércitos británicos estacionados en la Europa continental durante la Segunda Guerra Mundial.

Richard Haldane

Desde hacía casi cien años, el Reino Unido estuvo buscando disponer de una fuerza militar, pequeño en número de soldados pero con una gran preparación. Esta fuerza, la BEF, fue creada por Richard Haldane después de la Segunda Guerra de los Boers (1899-1902), y sería empleada si el Imperio Británico tuviera necesidad de participar en un conflicto bélico.

El mariscal de campo Sir John French fue el primer oficial al mando, y pasa a ser sustituido por el general Douglas Haig en diciembre de 1915. El Cuerpo Expedicionario Británico estaba formado por tropas voluntarias que, al contrario de lo que ocurría con muchos soldados que lucharon en la guerra, sí habían tenido una instrucción de contenido y duración adecuadas, con experiencia previa en territorios de las colonias (Sudáfrica, India y Egipto).

Sir John French

En 1914, la BEF estaba formada por unos 70.000 hombres, que incluían infantería, caballería y aviación. Eran todos soldados profesionales. Al frente del Primer Cuerpo se encontraba Sir Douglas Haig y al frente del Segundo Cuerpo Sir Horace Smith-Dorrien. Esos 70.000 soldados estaban organizados en una división y una brigada de caballería, un cuerpo (dos divisiones de infantería) a cuyo frente se encuentra Sir Douglas Haig, otro cuerpo (dos divisiones de infantería) dirigido por Sir Horace Smith-Dorrien, un tercer cuerpo (dos divisiones de infantería) y la Royal Flying Corps.

Una vez que estalla el conflicto, Bélgica rechaza por las buenas la solicitud de Alemania de dejar atravesar su territorio para llegar hasta Francia. Entonces, Alemania hace saber a Bélgica por las malas que no acepta ese rechazo y, el 3 de agosto de 1914, entra en el Reino de Bélgica, el cual, ante algo tan evidente, declara la guerra al Imperio Alemán el 4 de agosto. Francia no quería hacer frente ella sola ante algo que, estaba claro, no iban a poder detener los belgas, y el Reino Unido tenía tratados de mutua defensa con el Reino de Bélgica, en caso de que una tercera fuerza agrediera a uno de los dos países. Aunque al principio los británicos se hicieron los remolones, porque se supone que a nadie le gusta meterse en una guerra, finalmente, el mismo día 4, declaran la guerra a los germanos.

Sir Douglas Haig

Como dije antes, se encuentra al frente Sir John French. Tenía una importante experiencia en las guerras de los Imperios Coloniales, pero cometió muchas equivocaciones al principio, pues no se fiaba de los franceses ni de sus propias tropas. Afortunadamente, contaba con el General Sir Douglas Haig y con el General Sir Horace Smith-Dorrien para ayudarle a arreglar los errores.

La verdad es que, para ser "un pequeño ejército despreciable" según Guillermo II, tenía calidad como el que más. Al Kaiser le hacía sentirse incómodo, quizás porque Jorge V del Reino Unido y él mismo eran nietos de la reina Victoria y, por tanto, primos hermanos. Cuentan las malas lenguas que el emperador alemán dijo a sus mandos "consagrad todas vuestras competencias y todo el coraje de mis soldados a extermina al traidor inglés". En realidad, la orden había salido de la Oficina de Guerra con la idea de que afectara a la moral de las tropas aliadas. El mismo Kaiser negó reiteradamente haber dado esa orden. Más adelante, ese pequeño ejército se apodó a sí mismo "Los viejos despreciables" (The Old Contemptibles) como respuesta al poco aprecio que les tenía el Kaiser.

Soldados de la BEF llegan a Francia

Pero ese "pequeño ejército evoluciona. A lo largo de la guerra, la BEF aumenta en calidad y efectivos. De 70.000 crece a más de 1.500.000 de soldados que lucharon contra el Ejército Imperial Alemán. En cuanto a equipamiento hubo una mejora sustancial, llegando a disponerse de casi 19.000 ambulancias al término del conflicto.

Escoltada por la Armada, la BEF se dirigió a territorio continental entre el 9 y el 22 de agosto de  1914. Era importante el factor sorpresa y las cosas en ese sentido se hicieron bien, porque los alemanes ni se enteraron de lo que estaba pasando. La contribución de la BEF fue muy importante en la batalla de Mons y en la primera batalla de Ypres. Y también en otras batallas, como el Aisne y Le Cateu. En Mons, la BEF perdió 1.600 hombres en 12 horas de lucha. Cuando se llegó a la batalla de Ypres, fue reforzarla con tropas procedentes de la India.

Soldados hindúes con soldados de la BEF

Al término de 1914, la BEF había contribuido sustancialmente con fuertes pérdidas humanas para detener el ataque alemán (más de 95.000 soldados a finales de ese año). Fue lo suficiente como para dar tiempo a los aliados a reorganizarse de cara al resto de la guerra.

Durante la Segunda Guerra Mundial, lo que era entonces la Fuerza Expedicionaria Británica, estuvo funcionando en la frontera franco-belga.

4º Batallón de Fusileros de la BEF, el 22 de agosto de 1914 en Mons

viernes, 9 de septiembre de 2016

La aparición del tanque

Las formas irregulares que tenían los más de 9.000 km de trincheras del frente occidental, hacía necesaria la presencia de algo que pudiera con ellas y los obstáculos que de alguna manera las protegían, como podían ser los restos de otras batallas y las terribles ametralladoras.

Trinchera del Somme en la actualidad

El tanque, o carro de combate, fue la respuesta. Se trata de un vehículo blindado sobre el que hay un cañón y que se desplaza con orugas. En los Estados Unidos ya se empleaban las orugas en vehículos para uso agrícola. El antecedente más conocido (aunque los hay más antiguos) es el carro de combate que diseñó Leonardo da Vinci, el "coche blindado con caja fuerte inexpugnable".

Coche blindado de Leonardo da Vinci

Dos años antes de estallar la Gran Guerra, el Ministerio Británico de la Guerra recibe un proyecto de manos del ingeniero Lancelot de Mole, que propone la construcción de un vehículo blindado que se desplaza sobre orugas con el fin de tener el menor número de dificultades para pasar por encima de una trinchera y los obstáculos que la acompañan, pero el proyecto no se aceptó.

Lancelot Eldin de Mole

En octubre de 1914, Winston Churchill recibe de manos del jefe de blindados, un nuevo proyecto sobre el tema. Churchill, Primer Lord del Almirantazgo, decidió dar impulso al proyecto de "land ships" que le había hecho llegar el coronel Swinton. Al momento de empezar a construirse las nuevas máquinas, se hace correr el bulo de que son tanques para llevar reservas de agua a Oriente Próximo (donde también había movimiento de tropas británicas), y de ahí viene el nombre con el que son conocidos los carros de combate.

Churcill, Primer Lord del Almirantazgo

Pero nunca falta alguien que obstaculiza un proyecto de futuro; en este caso, se trata del Secretario de Estado de la Guerra Lord Kitchener, que no ve con buenos ojos el proyecto. A pesar de ello, la idea sale adelante y el resultado es el Mark I, primer modelo de tanque que se pone en circulación. Construido a la sombra del Ejército Británico, se trataba de un vehículo con tracción de orugas fabricado y una de tantas armas que surgieron al hilo de la Primera Guerra Mundial.

El debut de esta máquina en la guerra fue el 15 de septiembre de 1916, en la Batalla de Flers-Coucelette (15-22 de septiembre de 1916), desarrollada de forma paralela a la gran Batalla del Somme. La aparición de aquellos monstruos provocó una conmoción entre los soldados que se encontraban en el campo de batalla, pero no se pudieron contar con suficientes unidades (sólo se pudo contar con 49 de las cuales entraron en batalla únicamente 21), los soldados no estaban suficientemente adiestrados para conducirlos, y el empeño de Sir Douglas Haig en emplearlos antes de que hubiera condiciones más adecuadas, llevaron a Winston Churchill a decir "mis pobres "land ship" (barcos de tierra) han sido lanzados prematuramente y a una escala demasiado mediocre, sin embargo, había una verdadera victoria detrás de esta idea".

Entonces el tanque se usa cuando tenía que haberse usado por primera vez, en la batalla del Somme (1 de julio a 8 de noviembre de 1916), donde ya serán cien tanques los que entren en combate, aunque sin resultados concluyentes. Se decide destituir a Swinton.

Ernest Dunlop Swinton

Otro fracaso, esta vez en la batalla de Passchendaele (31 de julio al 10 de noviembre de 1917) unos tanques ahogados en el lodo casi consigue acabar con una nueva remesa de carros de combate que, finalmente, quedaron en 1.000 blindados. Pero ninguno de todos los inconvenientes presentados, ni el conservadurismo de algunos cabezas cuadradas, impidieron que se encontrara el camino para la fabricación masiva del carro de combate de manos británicas.

La batalla de Cambrai (noviembre-diciembre de 1917), significó el primer éxito importante de los ejércitos aliados en una batalla con intervención de tanques, llegando a emplearse unas 400 unidades.

Desde el primer blindado, Mark I, estos vehículos tuvieron una evolución que, afortunadamente, fue superando muchos inconvenientes con los que nacieron: no tiene suspensión, los gases circulaban libremente por todo el vehículo, el interior de estos superaba los 40º, alcanzaba una velocidad de 6 km/h, por no hablar de que el motor y los soldados ocupaban el mismo habitáculo, cuyo blindaje no era lo suficientemente fuerte como para evitar que las balas de las ametralladoras alcanzaran su interior.

Mark I

El potencial de este arma alcanzaba un punto álgido cuando, en las ofensivas, se ponía en marcha la combinación artillería + infantería + tanques; cuando se retiraban los blindados, dejaban silencio y desolación. Igualmente imponían respeto cuando se presentaban sin hostigación artillera ni soldados.

Su actuación definitiva durante la Primera Guerra Mundial fue durante la segunda batalla del Marne o batalla de Reims (15 de julio-6 de agosto de 1918). Tropas franco-americanas frenaron de forma definitiva el avance alemán con la ayuda de más de 300 tanques.

Tanque varado en el lodo de Passchendaele

Pero sería la batalla de Kursk, durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) la que tendría la mayor concentración de tanques de la historia, más de 9.000 unidades entre ambos bandos.

lunes, 16 de mayo de 2016

It's a long way to Tipperary

Si hay algo que envuelve los mejores y los peores recuerdos de una guerra, son las canciones que solían entonar los soldados. Muchas no se compusieron con la idea de cantarlas en el frente, igual eran canciones infantiles, pero al fin y al cabo, eran melodías que a los soldados les recordaba su hogar.


Como resultado de una apuesta de cinco chelines, surgió It's a long way to Tipperary, canción compuesta por Jack Judge y Harry Williams (algunas fuentes dicen que solo la escribió Judge a pesar de haberla firmado también Williams). Exactamente, fue el 30 de enero de 1912 en Stalybridge (región de North West, zona central de Inglaterra).

Jack Judge y Harry Williams (en primer plano)

En principio, el tema tenía otro nombre, It's a long way to Connemara, pero parece que Judge hizo algunos cambios, así que la canción terminó estando dedicada a Tipperary, su ciudad de origen. Se estrenó al día siguiente como parte de un musical compuesto por Judge y Williams. La verdad es que la música se parece bastante a otro tema llamado Has anybody here seen Kelly?, aunque cambia en el estribillo, aunque parece que solo se trató de una coincidencia. Aquí tenemos la versión que Albert Farrington grabó en 1915.



Up to mighty London
Came an Irishman one day.
As the streets are paved with gold
Sure, everyone was gay,
Singing songs of Picadilly,
Strand and Leicester Square,
Till Paddy got excited,
Then he shouted to them there:
Hasta la potente Londres
Llegó un irlandés un día.
Como las calles estaban ladrilladas con oro,
Claro, todos estaban alegres,
Cantando canciones de Piccadilly, Strand y Leicester Square,
Hasta que Paddy se puso nervioso, Entonces allí les gritó:

It's a long way to Tipperary,
It's a long way to go.
It's a long way to Tipperary,
To the sweetest girl I know!
Goodbye, Piccadilly,
Farewell, Leicester Square!
It's a long long way to Tipperary,
But my heart's right there.

Esto queda lejos hasta Tipperary,
Esto queda lejos para ir.
Esto queda lejos hasta Tipperary
¡Hasta la más dulce chica que conozco!
Adiós, Picaddilly,
Adiós Leicester Square!
Esto queda lejos hasta Tipperary,
Pero mi corazón está ahí.

It's a long way to Tipperary,
It's a long way to go.
It's a long way to Tipperary,
To the sweetest girl I know!
Goodbye, Piccadilly,
Farewell, Leicester Square!
It's a long long way to Tipperary,
But my heart's right there.

Esto queda lejos hasta Tipperary,
Esto queda lejos para ir.
Esto queda lejos hasta Tipperary
¡Hasta la más dulce chica que conozco!
Adiós, Picaddilly,
Adiós Leicester Square!
Esto queda lejos hasta Tipperary,
Pero mi corazón está ahí.

Paddy wrote a letter
To his Irish Molly-O,
Saving, "Should you not receive it,
Write and let me know!"
"If I make mistakes in spelling,
Molly, dear", said he,
"Remember, it's the pen that's bad,
Don't lay the blame on me!"

Paddy escribió una carta
A su irlandesa Molly-O,
Diciendo "Como no la reciba,
¡Escribe y dímelo!
Si hago faltas de ortografía,
Molly, cariño, dijo,
Recuerda, la pluma es mala,
¡No me eches la culpa a mí!

It's a long way to Tipperary,
It's a long way to go.
It's a long way to Tipperary,
To the sweetest girl I know!
Goodbye, Piccadilly,
Farewell, Leicester Square!
It's a long long way to Tipperary,
But my heart's right there.

Esto queda lejos hasta Tipperary,
Esto queda lejos para ir.
Esto queda lejos hasta Tipperary
¡Hasta la más dulce chica que conozco!
Adiós, Picaddilly,
Adiós Leicester Square!
Esto queda lejos hasta Tipperary,
Pero mi corazón está ahí.

Molly wrote a neat reply
To Irish Paddy-O,
Saying "Mike Maloney
Wants to marry me, and so
Leave the Strand and Piccadilly
Or you'll be to blame,
For love has fairly drove me silly:
Hoping you're the same!"

Molly le contestó claramente
Al irlandés Paddy-O,
Diciendo Mike Maloney
Se quiere casar conmigo, pues
Deja el Strand y Piccadilly
O será tuya la culpa,
Porque el amor me ha vuelto bien tonta:
¡Espero que seas igual!

It's a long way to Tipperary,
It's a long way to go.
It's a long way to Tipperary,
To the sweetest girl I know!
Goodbye, Piccadilly,
Farewell, Leicester Square!
It's a long long way to Tipperary,
But my heart's right there.

Esto queda lejos hasta Tipperary,
Esto queda lejos para ir.
Esto queda lejos hasta Tipperary
¡Hasta la más dulce chica que conozco!
Adiós, Picaddilly,
Adiós Leicester Square!
Esto queda lejos hasta Tipperary,
Pero mi corazón está ahí.

La canción habla de un irlandés, triste porque está lejos de Molly y de Tipperary. Un argumento muy inocente pero era lo que sentían infinidad de soldados que se fueron a luchar para formar parte de una hecatombe que daría al traste con su porvenir.

6º Batallón de Ingenieros de Montes de Sherwood

Al estallar la guerra en 1914, el 7º Batallón del Regimiento de los Connaught Rangers hizo suya It's a long way to Tipperary pues evocaba a su tierra y su familia en su trayecto a la guerra. Desde el momento en que llegaron a Inglaterra, este batallón hizo popular la canción mientras atravesaba territorio belga y francés, llegando a cantarse en Rusia y en Alemania.

John McCormack

Aunque en este punto hay distintas versiones, parece que un periódico irlandés informó de que un periodista británico (posiblemente George Curnock, del Daily Mail), oyó la canción al paso de unos soldados irlandeses por Boulogne el día 12 de agosto de 1914. Esos irlandeses pudo ser el 6º Batallón de Ingenieros de Montes de Sherwood. Curnock publicaría un artículo en su diario donde narró la experiencia de haber escuchado un tema con una letra que tenía una mezcla de esperanza y tristeza. Después del artículo de Curnock ya no se pudo frenar la popularidad de It's a long way to Tipperary.

Partitura para piano de It's a long way to Tipperary

La canción se grabó para difundirla con más facilidad, y se hicieron muchas versiones; la más popular fue la de John McCormack, tenor irlandés que, de esa forma, aportó su granito de arena a la difusión del tema. Lo cierto es que a alguien se le ocurrió que Judge y Williams podían cobrar 5 libras al año de por vida, beneficiándose de ella hasta la tercera generación.

Letra de It's a long way to Tipperary de puño y letra de Jack Judges

Pero lo mismo que el éxito de la canción se extendió como la pólvora, se ganó un cierto odio en muchos sitios, habida cuenta de las atrocidades que ya pudieron apreciarse el mismo año que estalló la guerra. A pesar de todo esto, en territorio del Reino Unido el tema siguió escuchándose hasta convertirlo en el más conocido de la guerra y más allá en el tiempo, en parte gracias al cine. Esta pegadiza canción se escucha en varios largometrajes: La gran ilusión (Jean Renoir, 1937), Das Boot (Wolfgang Petersen, 1981), Gallípoli (Peter Weir, 1981) y Goodnight Mister Tom (Jack Gold, 1998).


Cualquiera que sea el motivo por el que gustó a los soldados y, en general, a los contemporáneos de la canción, lo cierto es que It's a long way to Tipperary siempre será el recuerdo de una guerra que nunca debió ocurrir.